Solo es cosa de niños …

“El mundo no anda mal por la maldad de los malos sino por la apatía de los buenos”

Sólo son dos fotografías, dos instantáneas separadas en el tiempo y en el espacio.

Aylan_kurdiLa primera es de Aylan Kurdi un bebé kurdo de apenas tres años que apareció ahogado en una playa de Turquía. Un bebé como el tuyo o el mío que su madre cogió en brazos para subirle a un bote inflable y poder ofrecerle una vida algo mejor que la suya. Pero su destino, junto con el de su madre y su hermano, quedó truncado en el mar y en la playa el dos de septiembre de 2015.

nino_brujo2La segunda fotografía es de Hope, niño nigeriano abandonado por sus supersticiosos padres acusado de brujo y encontrado en las calles de la ciudad desnudo, desnutrido y deshidratado, al calor de un pequeño puesto de comida callejero. Con apenas un aliento de vida en sus pulmones fue encontrado, en febrero, por un ángel rubio tatuado que le dio un nuevo nombre y una esperanza.

Hace algunos años decían que las noticias duraban 24 horas. Hoy sólo escasos segundos. Nacen, se expanden y mueren en muy poco tiempo y pasan por delante de nuestros ojos sin apenas verlas. Hoy rige en nuestras vidas lo inmediato, lo instantáneo. En una parte de este mundo algunos tenemos casi todo, más de lo merecido o lo necesario y ni tan siquiera nos paramos a pensar en lo que tenemos y por supuesto nunca en lo que falta en la otra parte del mundo. Vemos esas fotografías, sentimos un leve pinchazo en nuestras conciencias y seguimos caminando en nuestra propia dirección, llevando esos sentimientos pasajeros al baúl de lo innecesario y lo olvidado. Nos preocupamos por nosotros mismos, por nuestra “marca personal”, por nuestro perfil online y nuestros deseos de gente acomodada. Caminamos en una senda del egoísmo de nuestro propio círculo, un camino bordeado de grandes muros que nos impiden o nos cuidan de ver más allá. Una venda oscura sobre los ojos de nuestras conciencias que nos mantienen alejados de otra realidad que, en gran parte de los casos, ni tan siquiera queremos conocer. Y si vemos, giramos la cabeza en sentido contrario. Pero no hay que ir a Nigeria o a una playa de Turquía para ver esa realidad. Abre los ojos y mira a tu alrededor.

Dos fotografías de dos niños inocentes y que ninguna culpa tienen. Uno muerto y otro vivo. Dos niños como los tuyos o los míos. Dos botones de muestra de la barbarie del ser humano, el más egoísta de los animales. Dos instantáneas que nos deberían hacer recordar lo que somos y la importancia de la infancia para nuestra civilización. Pero nosotros, tu y yo, nos agarramos a nuestra vida cómoda, a nuestras frustraciones, a nuestros deseos que deben ser satisfechos de manera casi inmediata, a nuestros trabajos y despachos y olvidamos lo esencial, lo importante, lo necesario. Olvidamos la esencia del ser humano que somos.

Dos simples fotografías en un océano de noticias diarias que se repiten, separadas en el tiempo por unos meses, en el espacio por miles de kilómetros, pero ambas testigo de una misma tragedia. Un calvario que siempre afecta a los más pequeños, a aquellos que ni saben, ni entienden, ni preguntan, pero que viven incluso con la sonrisa inocente en sus rostros.

Pero solo son niños y esto es solo cosa de niños ¿verdad?

Yo, Fendetestas, solo alzo mi voz en un grito ahogado para aquel que quiera escucharme aun a sabiendas que mis palabras desaparecerán también de forma instantánea y caerán en el baúl del olvido.

 

 

 

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