“Ideas para crecer” o “crecer en ideas”

Una octavilla perdida en el bosque que habito, anunciaba hace unos días una conferencia interesante en la cuidad. Una de esas que solo el título invita a la curiosidad y también a la reflexión. Más aun cuando el conferenciante es una de esas personas conocidas por su éxito empresarial, por sus logros y su valía personal. Nadie llega a ser Presidente del Círculo de Empresarios con un bagaje mediocre.

El la octavilla, mojada y descolorida por el efecto de la humedad del bosque, pude descubrir que el título era algo así como “Ideas para crecer” y al fin y al cabo, aunque bandido, también yo soy micro empresario. También yo quería crecer en mi actividad agujero negrode bandolero en la fraga que ocupo. Anoté mentalmente el día y la hora y cuando éste llegó, me disfracé, bajé a la ciudad y me hice invisible entre decenas de personas que se habían reunido para escuchar al conferenciante y tomar notas de su fórmula de crecimiento.

Lástima de viaje, me dije a mi mismo, al rato de escuchar sus reflexiones. Allí no había ideas, solo una descripción pormenorizada de los problemas que nos atañen desde hace demasiado tiempo. Un gran título vacío.Uno por uno, se fueron desgranando dichos problema – un decálogo de ocho “D” y dos “C”, desde déficit, deuda, desapalancamiento, demagogia, desigualdad, digitalización, demografía, corrupción o Cataluña – como si todos los presentes, conmigo al fondo de la sala en zona de penumbra, hubiéramos ido a la conquista del espacio (Marte para ser precisos) y acabáramos de volver de tan larga excursión-. Todo ello condimentado con grandes frases, esas que al escucharlas asientes pero al reflexionarlas y escarbar en ellas, no es fácil encontrar nada. “Necesidad de reforzar la Sociedad Civil” – escuché – “para que ésta vuelva a ocupar su espacio y muestre al establishment político, entre otros, sus reflexiones y su influencia”, “necesidad de mejorar la competitividad”, “incrementar la ética y la responsabilidad empresarial”, “mejorar la calidad institucional” y un largo etcétera. Pero más allá de los titulares, ¿dónde estaban las ideas? ¿Dónde estaba el plan de acción para cada uno de esos problemas? ¿Dónde estaban las claves, los bullet points, en los que centrarse para conseguir esos objetivos grandiosos? ¿Dónde quedaron esas reflexiones del jefe de los empresarios que son, a la postre, los que crean empleo, riqueza y prosperidad en la sociedad? ¿En que cajón han quedado las ideas de aquellos que son capaces de arriesgar su patrimonio para hacer que la sociedad se desarrolle y prospere?

Aquello fue como esos ricos suflés que al salir del horno se han hinchado y multiplicado su volumen, pero al hincarle el diente, todo su atractivo aspecto desaparece y muestra su terca realidad. Y para muestra un botón. Gran parte de esa Sociedad Civil a la que hay que devolver el protagonismo que antaño tuvo, estaba presente en aquella sala, escuchando las sabias palabras del conferenciante. Pero curiosamente, al finalizar, nadie hizo ninguna pregunta, ningún comentario, ninguna crítica constructiva. Ojo, yo tampoco que estaba allí. Ese es uno de nuestros males. Escuchamos, asentimos, tomamos nota y luego, ya en la cantina o en algún otro lugar, rodeados de nuestros conocidos y nuestra zona de confort, opinamos y damos recetas certeras a unos y a otros de lo que hay y de lo que no hay que hacer.

Quería ampliar mi negocio de bandolero. Quería invertir en él, quizá contratar un ayudante ofreciendo buenas condiciones. Quizá incluso invertir en comunicación y con ello ampliar mi cuota de mercado en otras fragas adyacentes. Incluso innovar y repensar mi propia actividad. Generar nuevas ideas. Lo hablé previamente, en el silencio de la noche, con Fiz de Cotovelos, para saber su opinión y también para convencerle que me dejara solo, no arruinara mi negocio y se fuera a su ansiado viaje de una vez por todas. Pero allí, en la ciudad, no encontré ninguna de las ideas que buscaba, ninguna de las respuestas que necesitaba, ninguna inspiración que me generara nuevas inquietudes. Y tampoco los argumentos para que Fiz se marchara. Lástima el viaje, el disfraz y el coste de oportunidad.

Por el contrario, si que encontré más preguntas que hacerme, más reflexiones a las que dedicar otras noches sin dormir. Volví al bosque con dos conceptos rondando en mi cabeza: la necesidad de dimensión y eficiencia. El conferenciante dijo que eran fundamentales en el mundo global de hoy, pero ¿de verdad lo son? ¿Son esos dos conceptos hoy tan necesarios o el mundo está cambiando demasiado rápido y nos anclamos – por miedo, costumbre o falta de miras – en viejos paradigmas que no sobrevivirán? Quizá lo sean en negocios tradicionales, pero ¿como definir hoy lo tradicional? ¿Queda algo realmente tradicional? El mantra de la eficiencia y la dimensión global ¿no mata la innovación? ¿La dimensión – y con ello la burocracia – y la jerarquía, ¿no son las  mejores armas para asesinar las nuevas ideas antes incluso de su nacimiento? Recordé que escuché una vez, en el bosque, a dos tipos que hablaban mientras lo cruzaban y previo a que me llevara sus monedas. Uno le dijo al otro: “En algún lugar, en algún garaje, hay un emprendedor forjando una bala con el nombre de tu empresa”. Y ese emprendedor y sus amigos, hoy por hoy, no tienen dimensión pero si ideas, ganas y velocidad para aplicarlas. No tienen jerarquías, no tienen burocracia. En ellos residen capacidades humanas que permiten generar verdadero valor; hay pasión, creatividad e iniciativa frente a la diligencia y la obediencia que antaño se valoraba.

Creo que también hablaré con Fiz de esto en los próximos días a ver que opina él. Como dudo que se vaya, seguro que entre ambos llegamos a alguna conclusión interesante que pueda escribir en breve.

“No sobreviven las especies más fuertes, ni las más inteligentes, sino las que mejor se adaptan al cambio” (Darwin)

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