Silencio

“Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio” (proverbio hindú)

 

Encontré hace poco y por casualidad esta versión moderna de un clásico de los 60. “The sound of silence”  (*) en una versión desgarradora y estremecedora, que si se escucha con calma y atención a esa voz rota y escalofriante del final, que te revuelve por dentro, incluso duele. Mejor la versión que el original.

Una letra con múltiples significados donde al inicio se marca ya la pauta

“Hello darkness, my old friend/ I’ve come to talk with you again”

y más adelante puede escucharse

“And in the naked light I saw/ Ten thousand people, maybe more/ People talking without speaking/ People hearing without listening/ People writing songs/ That voices never share/ And no one dare/ Disturb the sound of silence/ … /Fools, said I, You do not know/ Silence like a cancer grows/ …. / But my words like silent raindrops fell/ And echoed in the walls of silence/ And the people bowed and prayed/ To the neon God they made…” (**)

Vivimos en un mundo  lleno de ruido, en la sociedad de la comunicación (lo que no se comunica, no existe, me dijeron una ocasión) pero a la vez nunca hemos estado más llenos de silencio, de un silencio falso, de un silencio que no suena. Silencio no es solo la falta de ruido, también es la abstención de hablar, de comunicar, de interesarse. Hoy ese silencio viene determinado por una comunicación en una sola dirección, donde solo se atiende a lo de uno mismo, sueltas tu rollo, te quedas a gusto y te vas y donde no hay tiempo para escuchar al otro. Siempre se está muy ocupado, con prisas, tus objetivos personales y también tu egoísmo manda sobre el resto y manda a codazos para silencio2hacerse sitio. No hay tiempo para parar. No existe el paréntesis. Es la enfermedad del ocupado. Como dice la canción, miles de personas hablando sin hablar, oyendo sin escuchar, sin darse cuenta, que el silencio, ese silencio de las palabras vacías y huecas, de mirar para otro lado ante lo que sucede a tu alrededor, de no preocuparse por otro aun sabiendo que quizá necesite tu ayuda (o peor todavía, de mostrar una falsa preocupación que se olvida al segundo de preguntar). Ese silencio de muñecos que hablan, de mirar y no ver, de pensar que nada puedo hacer o ya lo hará otro o tal vez yo mismo pero cuando tenga tiempo, el silencio de las falsas amistades que están acostumbradas a hacer las cosas por interés y asumen que nadie puede hacerlo con afecto o cariño, es un cáncer que crece, nos va devorando y nos dejará sin vida.

Leí que en algunas culturas musulmanas utilizan la palabra haal (Kayf haal-ik) para preguntar a una persona ¿que tal estás?. En realidad se pregunta por el estado de su corazón, algo así como preguntar ¿como está tu corazón en este momento exacto? No se quiere saber cuantas cosas pendientes tienes por hacer o la razón de la prisa que llevas, sino simplemente como estás y como está tu corazón, triste, dolorido, si necesitas contacto. “Examina tu corazón, explora tu alma y después cuéntame algo sobre ambos. Y yo, guardaré silencio para escucharte y ayudarte”.

Quiero recuperar el silencio sano, el silencio de muchos tomados hoy por locos y que con pequeños pasos sueñan con modificar el mundo, el silencio al concentrarte en escuchar al otro, entender sus problemas y pensar, también en silencio, como ayudar, sin postureo, sin falsedad, sin engaño ni hipocresía. El silencio al pensar lo que dices, el silencio a revisarte por dentro antes de emitir juicio, el silencio a no buscar el éxito y la riqueza personal, sino la honradez, la honestidad, la sencillez y la humildad. El silencio de amar y soñar. El silencio de dar a un tercero lo que más vale, tu tiempo, algo que no se recuperará nunca. Ese silencio que nos hace crecer junto a los demás y que nos une con un hilo invisible. El silencio al mirar a los ojos y no a una pantalla, a ese dios de neón.

Escuchen esa música con los cinco sentidos, también en silencio, solo son cuatro minutos y tal vez haya suerte y tenga la llave de abrirles al mundo que reclamo. Es posible que descubra muchas cosas nuevas, sin ruido y que se de cuenta que está lleno por dentro de una materia muy habitual llamada “yo mismo”. Seré un tipo afortunado o “disturbed”, quien sabe, porque he decidido volver a ese silencio. Pero quizá también mis palabras caigan como silenciosas gotas de lluvia y al terminar, usted vuelva a tener prisa por llegar a alguna parte… salvo que el silencio le susurre su sonido.

 

 

(*) “The sound of silence” original de 1964, escrita por Paul Simon y cantada a duo con Art Garfunkel. La versión comentada es de Disturbed (2015)

(**)

“Hola oscuridad, mi vieja amiga/ he vuelto para hablar contigo de nuevo”

“Y dentro de la luz llegué a ver/ A miles de personas, quizá más/ Personas que hablan sin hablar/ Personas que oían sin escuchar/ Personas escribiendo canciones que sus voces nunca compartirán/ Y nadie se atrevía / A perturbar el sonido del silencio/ ….. / Y dije tontos!, no saben/ Que el silencio crece como un cáncer/ …… / Pero mis palabras cayeron como silenciosas gotas de lluvia/ E hicieron eco en los pozos del silencio / Y la gente le rezaba y le postraba/ al Dios del neón que ellos mismo eligieron/ …..”

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Un comentario sobre “Silencio

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