La nata sube hasta cortarse

“La soberbia no es grandeza sino hinchazón. Y lo que está hinchado parece grande pero no es sano” (San Agustín)

Soberbia: sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás. Sobrevaloración que lleva a presumir de las cualidades o ideas propias, menospreciando las ajenas.

Mis opiniones vienen determinadas por dos factores. El primero por la distancia – y con ello asumo que podría estar equivocado en mis planteamientos – y el segundo, por ser alguien que cree (creía) conocerte bien, tus virtudes y tus defectos – y quizá también esto puede hacer que esté equivocado-. Si así fuera, pido disculpas de aleaderntemano. No es malo reconocer los errores.

Tuviste sobre la mesa la oportunidad de tu vida, la oportunidad profesional de hacer las cosas como deben hacerse. Y la has perdido, no ahora, sino ya hace tiempo.

Te buscaron para liderar un proyecto, para armarlo casi desde su base, casi desde cero, “on scratch” como dicen los anglosajones. Fuiste la persona elegida hace más de un año y medio, pero para sacarlo adelante había que liderar y tu preferías mandar, tal y como escuché en una conversación cuando ambos estábamos al otro lado del océano. Por tu mente no pasaba liderar.

Porque liderar va en contra del orgullo, de la soberbia y de la arrogancia. Liderar significa ante todo humildad y de eso ya hay muy poco. Nunca confiaste en la gente, nunca fuiste capaz de darles ilusión o al menos mantenerla, no era necesario mucho más. Nunca fuiste capaz de escuchar o solo lo hacías para responder, pero nunca para reflexionar sobre lo que te decían. Todo lo que oías lo transformaste en críticas a tu persona, a tu inteligencia, a tu conocimiento, a tu experiencia, a la negatividad de las personas. En nuestras últimas conversaciones te dije que el mundo empresarial había cambiado y que era imposible sacar adelante un proyecto sin contar con el equipo amplio, con la gente, con los líderes naturales que no llevan cargo alguno escrito en una tarjeta de visita. No quisiste verlo porque en realidad tu proyecto era otro bien distinto. Tu proyecto eras tu, solo tú. Tú futuro y tú interés. Daba igual lo que ocurriera, daba igual cualquier decisión tomada y sus efectos, daba igual si en realidad no había criterios tras las decisiones, porque tú eras el proyecto. Y si para conseguir tus intereses había que pasar por encima de cualquier cosa o persona, utilizar, engañar o manipular, daba igual, porque tus intereses estaban muy por encima de todo aquello. Te escribí que los medios no justifican el fin …salvo para algunos, para aquellos cuyos valores están compuestos exclusivamente por el egoísmo, la soberbia, la arrogancia, la insensibilidad, la vanidad. Aquellos que no se preocupan de a quien se deja en el arcén porque sus intereses, objetivos, estrategias y tácticas persiguen cuestiones más altas, más importantes, más beneficiosas…para si mismos.

Desde hoy tienes un nuevo puesto, una gran responsabilidad y un cargo todavía más importante. Cierras la puerta a un pasado y con ello condenas definitivamente a la gente que todavía confiaba en ti. Supongo que debería darte la enhorabuena, es lo que hacen los amigos ante casos así. Yo dejé de serlo hace tiempo, pero aun así te la doy y te deseo todo lo mejor que la vida pueda darte.

No obstante, si me gustaría decirte algo. Repetirte más bien. Lidera. En el liderazgo hay mando, pero también infinitas cosas más importantes. Seguramente todas ellas se resumen en una: humildad. Humildad intelectual, lo que implica sinceridad, transparencia, honestidad, valentía y empatía. Valores necesarios para hacer crecer a un equipo muy por encima de tu propio crecimiento y que ello te llene. Valores necesarios para que nadie dentro de un tiempo pueda repetirte aquella manida frase de “tus actos me impidieron escuchar tus palabras”. Pero los valores hay que creérselos, vivirlos, sentirlos  y no dejarlos en un tablón de anuncios colgando de una aislada chincheta cogiendo polvo. Hoy más que nunca son necesarios y fundamentales, en todos los sectores, pero quizá con mayor intensidad en el financiero.

Nunca me dejará de sorprender la condición humana. Se que eres un gran lector de economía y gestión. Quizá te gustaría leer a G. Hamel y compañía. No solo leerlo, sino también asimilar sus reflexiones. Management del siglo XXI. Mis palabras no se mueven por envidia o resentimiento, porque ya ha pasado mucho tiempo y tengo la suerte de estar en otras guerras personalmente más satisfactorias, aunque no exentas de dureza y dificultad. Es posible que ellas solo se muevan por el dolor de aquello que pudo ser construido, por la cortedad de miras que lo evitó y por la impotencia de ver tantos buenos profesionales abandonados en la cuneta. Tienes ahora una excelente y nueva oportunidad profesional, algo que casi nadie que trabajó contigo tuvo en su día, sencillamente porque tu se la negaste, sin tan siquiera mirarles a los ojos. No la tuvieron allí, pero la han tenido fuera, porque seguían y seguirán siendo extraordinarios profesionales que otros han sabido aprovechar. José Múgica dijo una vez que “el poder no cambia a las personas, solo revela lo que realmente son”.

Ambos conocemos el significado del “Principio de Peter” y el “Principio de Dilbert”. Ojalá no se cumplan y no hagas que, finalmente, la nata se corte. Enhorabuena por el cargo, por el ascenso y, por supuesto, mucha suerte en tu nueva responsabilidad. Te lo deseo de corazón.

 

“Una día mi abuelo me dijo que hay dos tipos de personas: las que trabajan y las que buscan méritos. Me dijo que tratara de estar en el primer grupo; hay menos competencia ahí”

(Indira Gandhi)

 

 

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