Una mochila llena… de tiempo 

“La grandeza de las personas no se mide por su dinero, estudios, belleza…sino por la lealtad de su corazón y la humildad de su alma”



Todas las cosas que salen de ti regresan a ti. No es necesario preocuparse por lo que vas a recibir sino por lo que se va a dar. Y ellos lo dan todo. Son un ejército anónimo, gente como tu y como yo, con sus vidas, sus filias y fobias. Pero en su carácter, en sus genes, hay diferencias. Año tras año son capaces de sacrificar lo mejor que tienen para regalarlo. Su tiempo. Es lo más valioso, porque nunca volverá. Y ellos lo dan, lo entregan, sin pedir nada a cambio. 

Son capaces de renunciar a merecidas vacaciones, a sus trabajos, a tiempo con sus familias. Cambian la maleta por una pesada mochila, chanclas por botas, trajes por camisetas viejas, un arroz al borde del mar por otro insípido servido en plato de metal, una fría cerveza por agua no siempre embotellada. Disfrutar de amistades y familia por intentar hacer la vida, durante un tiempo, más fácil a gente que no conocen, pero que les necesita, porque no tuvieron tanta suerte. A renunciar durante días al abrazo de hijos, padres, hermanos o parejas para regalar los suyos a niños y mayores que apenas llevan zapatos y sus pies son carcomidos por las heridas de la jigga. A trabajar por y para otros. A dar sin esperar recibir aunque al final reciben más y en la mejor de las monedas: en sonrisas, abrazos, besos y toneladas de agradecimiento sincero que solo puede expresarse con la mirada.

De profesiones variadas, médicos, enfermeras, arquitectos, profesores y educadores, administrativos o am@s de casa, amanecen cada día con una sonrisa en el rostro aunque sepan con seguridad que la realidad a la que se enfrentan les golpeara el estomago decenas de veces antes de ir a descansar. Pero su sonrisa no se moverá de su rostro aunque para ello tengan que tragarse las lágrimas una y otra vez.

Os admiro voluntarios. Eternamente. Por vuestros valores, por vuestros ideales, por vuestro sacrificio y por tener siempre presente que juntando pequeños esfuerzos individuales, el mundo terminará cambiando y nuestros hijos y nietos heredaran un lugar un poquito mejor. A vosotros, cientos y miles, en cualquier recóndita parte del mundo, que os dejáis la piel, que ponéis vuestra vida en peligro y vuestras fuerzas al limite, que tendeis la mano a quien más lo necesita aunque luego, en la soledad de la oscuridad de la noche, pequeñas lágrimas se escapen por vuestros rostros, yo, Fendetestas, os lo digo en voz alta y lo escribo en piedra: mi admiración, mi respeto, mi lealtad  y todo mi orgullo hacia vosotros. Sois de otra pasta, de otros genes. 

Gracias por el regalo guardado en vuestras mochilas. A todos los joses, evas, manueles, pablos, cristinas…y tantos otros anónimos que pueblan el mundo entero. Y ese mundo es un poquito mejor con vosotros dentro. 

“Las personas fuertes sonríen con el corazón roto, lloran con las puertas cerradas y pelean batallas de las que nadie se entera”

No aceptes lo habitual como cosa natural. Porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural. Nada debe parecer imposible de cambiar. (Bertolt Brecht)

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