Fendetestas

Digamos que Fendetestas no es más que un joven, ya menos joven al haber vivido más años de los que le restan según la estadística, que le dedicó al mundo de las finanzas corporativas gran parte de su vida profesional. Pero al igual que el protagonista del libro, decidió marcharse al bosque para ganarse la vida –al ser testigo hasta en dos ocasiones de la podredumbre que le rodeaba – para hacer algo similar, con los mismos conocimientos pero formas diferentes. No es un bandido, entendido como salteador de caminos, ni tampoco alguien de mala intención. Pero sí un travieso, entendido como crítico, con lo que vio y con lo que ve. Alguien que, al igual que El Principito, reflexiona en voz alta sobre las cosas que le llaman la atención o no comprende, y al igual que él, suscribe que “algunos hombres ven las cosas como son y dicen ¿Por qué?; yo sueño con cosas que nunca fueron y digo ¿Por qué no?”

Fendetestas no es un tipo muy listo, tampoco tiene un gran olfato ni una percepción e intuición sobresaliente. Pero si que tiene un corazón, de tamaño normal en un mundo donde eso no es un bien apreciado. Y también una cabeza que le hace preguntarse cosas y, con suerte, encontrar las respuestas precisas, aunque lo usual es que sean contestadas con nuevas preguntas, corriendo en la rueda como un ratón. Alguien que a lo largo de su vida ha preferido el “nos” al “yo” en un mundo donde solo hay espejos que reflejan la imagen de uno y no del grupo. Alguien que no tenía grandes expectativas…. o si, y no era consciente y aquellas no se cumplieron alimentando las frustraciones de hoy. Alguien que al igual que al protagonista, le acompañan sus fantasmas y sus espectros a los que conoce bien.

Quiere aprovechar cada minuto de su tiempo y se gana la vida honradamente, haciendo las cosas lo mejor posible, entregándose al máximo a cada proyecto que se cruza en su camino profesional y confiando en la gente. Se alimenta de leer y leer, en ocasiones cosas extravagantes y que no son atractivas para muchos. En el pasado profesional fue “casi” algo pero ahora es él. No promete disciplina al escribir porque escribe para si mismo. No pretende una legión de seguidores porque le da igual “la marca personal”. Solo uno, él mismo y que la escritura sea una especie de terapia, un cuaderno de bitácora de los viajes de su mente. Le gustan las finanzas y las organizaciones de personas. No le gustan lo zombis sin voluntad, autómatas y atontados, ni aquellos que solo velan por la seguridad de si mismos y de sus propios intereses. Le gustan los libros aunque sean digitales, la comunicación, y los valores perdidos -la integridad, la honestidad, la dedicación, la independencia y la transparencia-, las discusiones inteligentes que merecen ser tenidas porque te hacen crecer y nunca debilitan. Le hubiera gustado nacer en el XIX o en el XXII pero lo hizo en este. Es orgulloso y abstracto. Admira a mucha gente, algunos ni siquiera lo saben, pero lo sabrán. Ya no le gustan las corbatas ni los trajes y prefiere ropa cómoda. Huye de los tipos repeinados con nudo gordo de corbata y abraza a los que tienen ideas diferentes por locas que parezcan. Cree que todos pueden ser líderes y odia la expresión de recursos humanos para llamar a la gestión de personas y de su talento. Sabe bien poco de casi todo y prefiere escuchar a hablar, porque por eso tiene dos orejas y una sola boca. En ocasiones peca de prudencia, prefiere callar y parecen tonto que hablar y demostrarlo, pero eso no le impide dar su opinión cuando cree que es importante. Prefiere ayudar a ser ayudado – porque a veces no sabe siquiera pedirla – incluso a aquellos que luego le dan la espalda. Y escribe cosas en un cuaderno que siempre le acompaña y en donde en su primera página aparecen algunas citas que no deberían olvidarse. Tan importantes son esas citas que las vuelve a escribir en el cuaderno nuevo cuando el viejo expira.

En realidad Fendetestas es un tipo bastante normal e incluso algo vulgar. Uno de tantos que puedes cruzarte por el bosque al que verías pero nunca mirarías, con sus sueños y sus miedos, sus filias y sus fobias, sus defectos y virtudes.

Pero Fendetestas empieza el camino a Tombuctú. Nos vemos allí.

Y solo si quieren, metan en la mochila, antes de iniciar el viaje, dos frases

“El éxito no es el final, el fracaso no es la ruina, el coraje de continuar es lo que cuenta” (W.S.C.)

“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles lo inalcanzable. Para los temerosos lo desconocido. Para los valientes la oportunidad” (V.H.)

Xan de Malvís